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Plaza del Castillo

Espacio urbano por excelencia, al la vez que emblemático, dentro de la ciudad histórica de Pamplona lo constituye la plaza del Castillo, ámbito que ya existía en la Edad Media y que sirvió, junto a otros terrenos de nadie de separación entre los tres burgos en los momentos de difícil convivencia. La evolución y cambios sufridos en esta zona de la ciudad han sido importantes a lo largo de la historia, contribuyendo a modelarla y organizarla hasta su actual configuración. A raíz de la destrucción de la Navarrería en 1276 el barrio quedó totalmente desprotegido frente a sus dos vecinos y enemigos, San Cernin y San Nicolás, ante lo cual el rey Luis Hutín ordenó en 1308 al cabildo de la Catedral que construyera en su defensa un castillo, cuyas obras debieron quedar terminadas en 1310. El castillo se localizaba en la zona de la bajada de Javier, en el lado oriental de la plaza; contaba con tres puertas y plaza de armas que daría a la plaza del Castillo. A raíz de la concesión en 1324 del fuero de Jaca a los vecinos de la Navarrería por parte de Carlos el Calvo, entre los privilegios que contemplaba estaba el tener mercado los sábados en una amplia zona que se extendía entre la actual plaza del Castillo y el Ayuntamiento. Como dato anecdótico diremos que en el siglo XIV se sembró hierbas y trigo en la plaza. La plaza del Castillo se mantuvo como un verdadero erial, un descampado hasta el siglo XVII, momento a partir del cual y favorecida por la fundación del convento de las carmelitas, comenzó a incorporarse poco a poco a la vida urbana de la ciudad, siendo la primera construcción que en ella se hizo la casa del toril, que coincide con el actual edificio nº 37 que da sobre el lado occidental, cuya construcción data de hacia 1612. Con todo las viviendas no comenzaron a instalarse en la plaza hasta mediados del siglo XVII, promocionadas por el Regimiento de la ciudad quien oficialmente anunció en 1651 "a todos sus vecinos y moradores y demás personas que quieran comparar alguno de los diez sitios de la plaza del Castillo para fábrica de casas, acuda a la casa de su Ayuntamiento, que se dará y venderá cada sitio a 300 ducados". Dado que socialmente la plaza no tenía la tradición de las calles de los viejos barrios en las que la clase acomodada y de linaje tenía su vivienda -recordar los palacios o las casas blasonadas de las calles Estafeta, Mayor, Zapatería etc.-, el proceso constructivo de la plaza fue lento prolongándose todavía en el siglo XVIII, lentitud que también acompañó al plan de conformar las estructuras urbanas que comprendían la limpieza, iluminación, pavimento, etc. Si, como se acaba de señalar, la plaza se incorporó perezosamente a la trama arquitectónica de la ciudad, desde un principio asumió su papel de espacio de ocio y espectáculos. Así ya en 1405 se preparó un sector para que se desarrollaran la justas y torneos que el rey Carlos III organizó para celebrar la boda de su hija doña Beatriz con el príncipe Jacques de Borbón. A partir de este momento, durante los siglos XVI, XVII y XVIII, actuando como una plaza Mayor de cualquier lugar de España, los torneos y demás juegos que se organizaban bien para festejar a los santos patronos de la ciudad, bien para celebrar las efemérides de la monarquía, la plaza se engalanaba para la diversión. Otra función clave de la plaza del Castillo ha sido su papel de coso taurino ya que prácticamente todas las corridas se han desarrollado en ella desde la primera documentada en 1385 hasta que en 1844 se construyó la plaza estable. Durante el amplio período en que la plaza permaneció como un erial se arreglaba en el momento de los espectáculos taurinos o conmemorativos; a partir de que se fueron edificando viviendas, el balcón era elemento fundamental para las fachadas con vista a poder satisfacer la demanda de los espectadores durante los festejos. En este marco se enclava la construcción en 1612 por parte de la autoridad municipal de la casa de los toriles. La plaza desde muy temprano ha formado parte de la vida "ociosa" de los pamploneses, aunque ha tenido que cambiar sus hábitos, y así en el siglo XIX, cuando los espectáculos de toros y justas ya no le eran familiares, fueron los cafés los que prolongaron su función social que hoy alterna con otra de servicios. El hecho de que la plaza del Castillo no obedezca a una iniciativa urbanística concreta, sino que el paso del tiempo y los distintos impulsos constructivos la hayan ido configurando, hace que su planta no sea regular y presente los cuatro lados desiguales. La autoridad municipal era consciente de ello y pensando que la plaza para su mejora necesitaba cierta regularidad encargó un proyecto en 1780 que preveía levantar delante del convento de las carmelitas un lienzo de viviendas "para por ese medio dejar la plaza en cuadro y hermosearla con perfecta simetría", proyecto que no se materializó; hasta mediados del siglo XIX no comenzó a regularizarse la alineación de las viviendas y a construir algunos soportales que no existían . Sin embargo la transformación más notable que ha sufrido en los últimos años ha sido el privarle de ser ese espacio cerrado propio de toda plaza mayor, con pequeñas calles de acceso, al quererla abrir al Segundo Ensanche de la ciudad, a través de la Avenida de Carlos III y quitar de su lado sur el Teatro Principal en 1931. Con todo, esta decisión le ha permitido incorporarse al Segundo Ensanche de la ciudad como un espacio referencial importante y constituirse en enlace natural entre la zona histórica de la ciudad y la nueva. [editar]




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